Buenos Aires

18 de Septiembre del año 2001 - 234




EL "CASO OYARBIDE" REVELA EL ESTADO DE PUTREFACCIÓN DE LOS PODERES EN LA ARGENTINA



El escándalo "Oyarbide" va a pasar a la Historia argentina, plagada de
vergüenzas, como una vergüenza mayúscula.

Ha sido una nueva demostración de la falta de pudor de los políticos
que forzaron la calificación de los gravísimos hechos protagonizados
por Oyarbide a favor del acusado y tuvieron el descaro de implicar que
los funcionarios judiciales que cumplieron con su deber de acusarlo
por los delitos aparentemente cometidos por él, son "discriminadores".

El acusado es homosexual según "un video en el que supuestamente está
filmado Oyarbide en el prostíbulo Spartacus" ("La Nación", 13/9/2001,
pag. 6). Ese video es estridentemente obsceno y aparecen dos hombres
en actitudes contra natura, uno de los cuales supuestamente es
Oyarbide .

"Está imputado en tres causas con futuro incierto. En una de ellas se
halla acusado de haber amenazado de muerte al recepcionista de un
restaurant, el que recurrió a la Justicia luego de que su amigo
Luciano Garbellano sufrió un misterioso ataque con disparos en Zárate.
Ambos conocían la existencia de un video en el que supuestamente está
filmado Oyarbide en el prostíbulo Spartacus.

"En otro expediente, el juez está acusado de enriquecimiento ilícito y
en el tercero, imputado por cohecho agravado. En esa causa que
investiga el juez Rodolfo Canicoba Corral, fué procesado Garbellano
por hacer valer la influencia de Oyarbide para que la policía no
clausurara sus locales" ("La Nación", 13/9/2001, pag. 16)

Los locales a que se refiere la noticia son otros tantos prostíbulos
regenteados por Garbellano, amigo de Oyarbide.

Al negarse el Senado a destituir a Oyarbide, "se daría el curioso caso
de que vaya a juicio la persona que supuestamente sobornó (Garbellano)
y no la presuntamente sobornada (Oyarbide)" ("La Nación", ibidem).

En Mayo de 1998 estalló el escándalo al conocerse el atentado a bala
contra Garbellano con el que aparecía Oyarbide relacionado. Fué
suspendido en el ejercicio de sus funciones pero se le otorgó
benévolamente una licencia con goce de sueldo porque supuestamente
padecía un "estado depresivo delicado"(ibidem).

Este fué el primer favor y el primer privilegio que recibió Oyarbide,
primero de una larga serie.

Obviamente quien había sido sorprendido en semejantes circunstancias y
con tales compañías, debía sentirse deprimido. Pero no por estar
enfermo sino porque los hechos eran deprimentes. Con el mismo
argumento se podría otorgar igual tratamiento a cualquier acusado de
un delito grave porque nadie es feliz cuando es acusado, con
suficiente fundamento, de delitos graves.

Esa licencia duró 22 meses. Cuando ya el privilegio era insostenible,
el Senado resolvió ocuparse del asunto que tenía ?cajoneado?, pero no
para juzgarlo sino para suspenderlo, cosa que hizo... pero otra vez
con goce de sueldo. Otro privilegio incalificable.

Y ahora, en medio de la consternación mundial producida por el
atentado de Nueva York, cuando el mundo está al borde de la guerra, el
Senado aprovecha y se apresura a resolver lo que tuvo en agua de
borrajas por tres años y cuatro meses. Y lo resolvió mal, con un
argumento deleznable, previendo que la opinión pública estaría
distraída por el horror de las grandes torres derrumbadas con miles de
víctimas sepultadas bajo sus escombros.

Por 21 votos de los senadores peronistas contra 21 de radicales y
provinciales, el Senado rechazó el pedido de desafuero que necesitaba
dos tercios para ser aprobado y con eso protegió a Oyarbide de toda
investigación judicial.

Y lo que es peor, le permitió presentarse muy orondo en su Juzgado
Nro. 5 en lo Federal, nada menos que del fuero penal, para retomar su
cargo como si nada hubiera pasado. Los procedimientos penales abiertos
para averiguar seis delitos gravísimos quedan asi suspendidos sine
die.

O sea, la lilbertad y la honra de los ciudadanos están a merced de una
persona moralmente descalificada, sospechada de gravísimoas
ilegalidades de las cuales nunca se sabrá si es o no culpable porque
él mismo se aferró a su cargo que le otorga fueros y el Senado lo
cubrió para que en él continuara y esos fueros impiden que la Justicia
lo investigue.

¿Qué seriedad, qué imparcialidad, que sabiduría, qué amor a la
justicia, qué garantías ofrece para los pobres ciudadanos que caigan
en su juzgado, este juez reinstalado por la fuerza de un acto ilícito
de 21 Senadores peronistas?

A su vez, el Senado está bajo sospecha de que varios senadores han
cobrado, el año pasado, sobornos para votar una ley que interesaba al
Poder Ejecutivo. Esta sospecha de cohecho y la falta de una adecuada
investigación para determinar los culpables en el Senado y en el Poder
Ejecutivo, motivó nada menos que la renuncia del Vicepresidente de la
República, Sr. Alvarez, en señal de protesta.

Y el Juez que investigaba este delito de lesa majestad constitucional,
por su parte, tuvo que renunciar, después de largos meses de
inactividad útil en el proceso, por habérsele verificado un
enriquecimiento no justificado.

El argumento esgrimido por el Senador Gioja, jefe del bloque
peronista, para justificar la absolución de Oyarbide, es deleznable.
Según este repúblico celoso de la majestad de las instituciones,
Oyarbide sólo habría sido víctima de una persecución por ser
homosexual y correspondía que él y los senadores lo protegieran para
no incurrir en discriminación. Todo se reduciría, según Gioja, a que
el juez "fue a una casa de citas masculinas y no a una casa de
mujeres" ("La Nación", 12/(/2001).

Es de señalar, que más o menos al mismo tiempo en que Oyarbide hizo
sus cosas, otro Juez mucho menos importante, porque no era penal ni
federal, renunció cuando fué sorprendido con una mujer en una casa de
citas, después de haber tomado unas copas demás y peleado con unos
empleados del lugar. Fué dura y merecidamente atacado por eso y a
nadie se le ocurrió defenderlo. Ese juez renunció por un mínimo de
vergüenza e hizo bien.

O sea, el desfachatado argumento de Gioja no vale ni siquiera como
argumento ad hominem, porque está probado que esta sociedad moderna es
mucho más dura con los desvíos naturales que con los antinaturales
cometidos por homosexuales. Oyarbide resultó protegido precisamente
por ser homosexual. Es inconcebible.

¿Qué falta para probar el estado de putrefacción de los poderes en la
Argentina?



Cosme Beccar Varela




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